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Los colores de la vida
Mundo Hispánico
Febrero 2011

A veces, cuando vemos una fotografía familiar, reconocemos la melodía de una antigua canción o el aroma de un plato familiar, sentimos que la melancolía nos muerde el alma y, sin previo aviso, nuestras pupilas se humedecen.

Algunos tratan de ahogar esos sentimientos de tristeza como si se tratara de un mal indeseado sin darse cuenta de que mientras más se empeñan en alejarlos más la nostalgia los hace prisioneros.

Veo los altibajos de la vida como los colores del cuadro de la existencia. Acepto la soledad de la misma manera que acojo las alegrías. Sin una y las otras el cuadro de mi vida sería monótono.

Dios quiera que todos podamos contemplar, en paz, los colores de nuestra vida.

 

NOSTALGIA
(Relato)

De mediana estatura y complexión delgada, la chica parada frente al puesto de frutas y verduras exóticas tiene algo que me atrae. ¿Será su físico caribeño? ¿Su suspiro al contemplar dichos frutos?

Tras asegurarse de que nadie la observa, coge un mango y lo acaricia no sólo con las manos sino, sobre todo, con la mirada. Con la uña hace una pequeña incisión en el fruto y se lo lleva a la nariz. Su inspiración es profunda y, tan larga, que parece viajar a su país de origen. Permanece con los ojos cerrados, como guardando en una parte privilegiada de su ser ese regalo que su olfato le concede. Pone el fruto en su lugar y toma un trozo de caña de azúcar. Los colores del tronco, amarillo y verde con pequeños trazos negros, no tienen el brillo de la planta cuando está unida a la tierra y los extremos, secos, me llevan a pensar que la cañamiel no es jugosa, pero por la manera de acariciarla, sé que no es el objeto en sí lo que la chica arrulla sino los recuerdos de un pasado remoto.

La chica coloca en su lugar el trozo de caña de azúcar y roza las yucas y los plátanos pero no logra agarrarlos. Su espalda se ha quebrado. Su cabeza parece tan pesada que su mentón casi toca su pecho. La chica está siendo sacudida por una serie de convulsiones. Sé que está llorando. Sé, por haberlo experimentado tantas y tantas veces, que tiene nostalgia de su familia, de su tierra, de su lengua. Nostalgia de su pasado...

Quiero socorrerla pero una brecha de melancolía se ha abierto en el centro mismo de mi alma. Mis lágrimas fluyen como una llave de agua demasiado abierta. Hago un esfuerzo por contenerme y, finalmente, lo logro. No es el momento ni el lugar de liberar los sentimientos ligados a algo que fue y que no será. Esa chica necesita ayuda y voy a dársela.

Venciendo mi propia melancolía me acerco a ella y coloco mi mano en su hombro. Ella levanta la cabeza. Nos miramos. Me doy cuenta de que podemos comunicarnos telepáticamente. Le digo que no está sola. Que somos muchos los que hemos escogido vivir separados de nuestros orígenes. Que si ello es así es porque estamos preparados. Que ya nuestra patria no está ligada a un espacio físico y nuestra gente no es tan sólo nuestra familia de sangre. Que debemos acostumbrarnos a vernos en el mundo desde un plano absoluto.

La chica parece comprender. Mueve la cabeza de arriba abajo y, tras tragar sus últimos sollozos, se va por entre el pasillo de productos alimenticios. A medida que se aleja me doy cuenta de que, como ella, yo también acabo de comprender que mi patria es el mundo y mis hermanos la humanidad.

Leer poemas sobre la nostalgia en mi blog


Publicado en la Revista "Mundo Hispánico"
www.mundo-hispanico.ch
SUIZA - Enero 2011

 
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