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Universos
Maritza López-Lasso, Espace Femmes, Fribourg
Noviembre 2003


Cuando me cas√© dej√© un universo que conoc√≠a, un universo en el que sab√≠a moverme para lograr cosas, grandes y peque√Īas, que me hac√≠an pensar que exist√≠a como persona.
Cuando me cas√© y dej√© ese pa√≠s ‚Äďsubdesarrollado, pero que yo amaba porque hab√≠a sido mi cuna‚Äď entr√© de lleno en un universo casi infinito comparado con el que acababa de dejar. Tuve miedo porque nada de lo que ten√≠a a mi alrededor me era conocido. Mi √ļnico punto de referencia era mi marido, europeo.

Decidí que ese sería mi universo y me acurruqué bajo el gran caparazón que él representaba. De vez en cuando sacaba la cabeza para hacerme una idea de lo que sucedía fuera, pero me asustaba y la volvía a esconder.
Dentro del caparazón el aire era tibio, los olores no penetraban (o tal vez era un aire viciado, pero yo estaba tan acostumbrada a él que no lo notaba).
Durante a√Īos colm√© de cuidados ese techo: le sacaba brillo, examinaba cada parte para evitar que le cayeran polillas; quer√≠a mantenerlo en buen estado a como diera lugar ya que si √©l se ca√≠a en pedazos, me sentir√≠a desamparada.

Fue tanto mi cuidado que sólo tenía ojos para ese gran techo. Olvidé que dentro se encontraba otro ser que se estaba asfixiando con ese mismo aire que antes la había mecido. Comencé a dar golpes en la cubierta y me di cuenta de que nadie me escuchaba. Traté de encontrar un lugar para sacar la cabeza y sentir otros olores, pero la caparazón estaba cerrada tan herméticamente que comencé a sentir que me quedaba poco tiempo de vida. Mi muerte sería por asfixia.
En ese momento comencé a escribir.

Fribourg, 14 noviembre 2003

 
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