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Silvia y el "slam"
Mundo Hispánico
Junio 2008


El pasado 25 de abril fui invitada por la actriz cubana Coralia Rodríguez (ver Mundo Hispánico de abril 2008) a participar con ella y con Sylvia Camelo en una peña de cuentos en el Centro Cultural Tierra Incógnita de Ginebra.

 Mi primer impulso fue agradecer a Coralia por haber pensado en mí y rehusar la invitación aduciendo una sobrecarga de trabajo, lo cual era cierto, pero tras reflexionar acerca de la verdadera razón que me impulsaba a negarme, llegué a la conclusión de que detrás, escondido como una araña negra, estaba el miedo a lo desconocido: Nunca había asistido a una peña de cuentos y no quería exponerme ante los ojos del público sin estar preparada.

 Tras hacerle llegar mis inquietudes, Coralia me dijo que el programa era totalmente informal, que yo podría leer algunos de mis relatos y que habría una participación activa del público.

La idea me sedujo y fue así como decidí participar en el acto.

 Aquella noche descubrí, no sólo el arte de narrar cuentos por dos maestras de la palabra, sino un nuevo tipo de poesía llamado “Slam”.

 El “Slam” o “palabra hablada” o “poesía en voz alta”, es un movimiento de poesía oral urbana cuyas raíces se encuentran en las corrientes artísticas norteamericanas de la Beat Generation de los años 50 y 60 y del Spoken Word de los años 70.

 Fue incorporado a la poesía en los años 80 por el obrero y poeta Marc Smith que organizaba sesiones de Slam en los cafés o en la calle y a los cuales invitaba a otros poetas a afrontarse en público frente a un jurado. Hoy en día, esta nueva forma de oralidad se practica sobre todo en los cafés y se ha desarrollado en varias ciudades europeas y norteamericanas.

 La importancia del Slam radica en el hecho que hace revivir la palabra muerta y fija del lenguaje escrito volviéndola viva al compartirla con un público. Es entonces un arte democrático y participativo que permite reunir a personas de todas las edades, clases y razas que se cruzan en la calle pero que nunca se dirigen la palabra.

 La velada comenzó con algunas narraciones orales escénicas llevadas a cabo con maestría por las dos cuentistas intercaladas con algunas de mis poesías.

 La manera de moverse en la escena de Sylvia Camelo unida a la fluidez en el paso del español al francés –como si dos músicas diferentes, la caribeña y la clásica, se reunieran armoniosamente– hacían que los presentes nos sintiéramos flotar en una nube de total camaradería.

 Tras compartir con nosotros algunos poemas de su creación, Sylvia invitó al público a participar y así tuve el placer de escuchar a suizos, franceses e hispanohablantes declamar poesías, contar historias y eslamear.

Maritza López-Lasso, para MH

 
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