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Escultora de palabras
Mundo Hispánico
Octubre 2009

El testimonio de Sonia Woolcock, con su alusión a la importancia que toman los amigos cuando nos movemos por el mundo, me hizo pensar en mi propia experiencia como migrante.

Hace años, tal vez para hacer menos difícil mi estadía lejos de mi país de nacimiento, quise dar la imagen de una mujer con una fachada de hierro. Quise convencerme que me bastaba conmigo misma y con mi pareja para ser feliz. Sin embargo, por momentos, sentía mi fortaleza derrumbarse. Mi corazón pedía a gritos un pedacito del pasado: de mi familia, de mi lengua, de mi país todo entero.

En esos momentos tomaba el lápiz y traducía las notas musicales de mi corazón en versos o modelaba las palabras para crear historias completas en las que había un esbozo de mis vivencias.

Creo que, para mí, emigrar ha representado una bendición, puesto que si me hubiera quedado en la calidez de mi tierra natal tal vez nunca habría descubierto esta pasión por la expresión literaria. No habría recorrido con tanto detalle los registros de mi interior.

Al igual que Sonia, deseo que cada ser humano descubra su propio arte/terapia con el que vaciar sus emociones y encontrar su propio equilibrio.

 
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